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sábado, enero 27, 2007

EL SUEÑO DE VÍCTOR


Mary Shelley, Boris Karloff (la criatura) y Peter Cushing (Victor Frankenstein)

Durante estas pequeñas vacaciones volví a leer FRANKENSTEIN o el Moderno Prometeo, la genial obra de Mary Shelley (1797 -1851) y uno de mis libros favoritos. El mito de la vida y su creación, la resucitación de cuerpos, la ética y los experimentos científicos, el monstruo y el horror gótico, la necrofilia y la sexualidad arremeten contra toda especulación posible y crean un ambiente de sala de autopsias. Entonces tomo los algodones con cuidado, manejo el éter impregnado en la hoja de un cuchillo. Habría que saber de la chispa y sus fronteras. Del amor que busca las tumbas, impermeable e impreciso. Una lluvia de formol flota sobre el suelo, huelo su vuelo. Solamente me demoro. Solamente me demoro, por ahora.

Hoy les ofrezco un poema titulado"El sueño de Víctor", que forma parte del por ahora inédito "EL RESTO NO PRESENTA ALTERACIONES". Recuerdo que cuando lo escribí recordé viejas películas de terror y también vinieron a mi mente imágenes del vídeo de Tom Petty, "Mary Jane's Last Dance".

EL SUEÑO DE VÍCTOR
Una autopsia fucsia
delata la asepsia de los guantes descartables.
El doctor, en la húmeda morgue,
piensa en el sueño de Víctor Frankenstein
mientras una bella mujer
muerta sobre la camilla
luce taciturna y melancólica,
lista para la disección.
Los ojos posesos
invitan a cierta forma del amor,
conmueven y estremecen al médico
que ya no prueba el café.
El pocillo adquiere rigor mortis
sobre la pequeña mesa
y se enfría sin remedio
ante el tenebrismo sereno
de dedos plastificados y patéticos
que rasgan las vestiduras
lenta,
sensualmente.

NOTA de Fabricio Simeoni: “El cumplimiento de mi diabólico proyecto se convirtió en una pasión dominante”, confiesa Walton tras la muerte de Víctor. En el final de Frankenstein, toma la decisión de no continuar haciendo el mal. Las víctimas de sus crímenes estaban contadas y para él no tenía sentido continuar. Sólo pretendía realizar la justicia, haciendo a su creador el mal que éste le había infligido. Como le había prometido a Víctor, si este le creaba una compañera, tomó la decisión final de huir del mundo humano y esperar la liberación final de la muerte.

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