EL EQUILIBRIO DEL DISPARATE se despide sin bombas de estruendo. Es hora de sacar las botellas vacías del cerebro y estar en silencio. ¿Por cuánto tiempo? Ojalá lo supiera, tal vez es momento de bajar la cortina para que la resaca no hiera tanto y juntar los retazos para que todo tenga un (sin)sentido.
Gracias a los queridos amigos que me visitaron durante este año y medio. Sin sus aportes, este espacio hubiera desbarrancado desde el primer instante de vida.
Un abrazo para todos. Los que quieran seguirme, pueden visitar mis otros blogs, que por ahora funcionan.
domingo, diciembre 30, 2007
sábado, noviembre 24, 2007
Un insólito caso de honestidad
¡Ah, la vida en este maldito país! Es cierto, ¡cómo la odio!... está llena de timo, fraude, desesperanza, en fin, todo lo malo que uno puede esperar acerca de las generalidades de la existencia.
Entonces, ¿cómo no elogiar y alabar la excepción? ¿Cómo no resaltar una pequeña atmósfera de iluminación entre tanta y concentrada negrura? ¿Cómo no agradecerle, Dr. R.G. (legales razones me impiden mencionar el nombre), su generosidad, su sutil manejo de la verdad?... Ah, amargo remedio la verdad, dorado veneno que pocos nos hacen consumir...
Mi vida, hasta los treinta años, transcurrió dentro de los parámetros que podemos considerar normales. Quizás normalidad y mediocridad se hallen íntimamente asociados -al mencionar el tema reparo en ello- pero ante todo, lo rescatable era que no la pasaba mal, pocos problemas agobiantes y complejos turbaban mi mente. Y ese es el tipo de análisis que se presta más adecuado para entender los tiempos que avanzaron en mí...
Nunca supe bien la génesis del infame caos que desestabilizó mi vida. Un golpe en la infancia, decían unos, el efecto residual de algún psicofármaco, opinaban otros malintencionados; pero muchos más mencionaban el crecimiento de un proceso de degeneración de mis células mentales, lo que me conduciría a un nuevo y hermoso mundo de reposo vegetal.
La triste historia comenzó un fatídico día de verano, una mañana trivial, simple, aburrida y cotidiana, como casi todas. Me había levantado bastante tarde y de buen humor. Me hallaba parado frente a un espejo, observando mis ojeras matinales. Ese día no trabajaba, casi que sentía al tiempo como propio, corriendo en mi sangre, encarnado en glóbulos amigos y afables. En realidad, al mismo tiempo me sentía hecho un tonto, un poco más que de costumbre tal vez; lo cierto es que, frente al espejo de mi cuarto de baño, al encender la luz , comenzaron las alucinaciones. ¿Cómo decirlo? ¿Cómo describir la infernal parafernalia, la angustiosa opresión?...Al principio era una especie de escalofrío que recorría cada milímetro del cuerpo, después venía un mareo intenso y un cosquilleo detrás de la nuca para, por fin, iniciarse un proceso confusional de delirio . Ah, cruel y repulsivo delirio que casi me lleva de este mundo... Me sentía de lo peor, acostado en el piso del baño, veía como miles de cucarachas bajaban por los azulejos y se acercaban a mí, me besaban en la boca. Ah, qué horror, aún siento el cosquilleo de sus antenas en mi nariz, sus patas escarbando en mi lengua... Cuando se iban, venía el castigo auditivo: la atormentadora sirena de una ambulancia. Mis tímpanos se inflaban como un globo de cumpleaños soplado por un desagradable niño travieso. Y luego, el fogonazo postrero y las imágenes más trágicas y desoladoras de mi vida: mi propia muerte, ah, qué forma más horrible de morir..., no podría volver a describir con exactitud las agonías que se tejían en mí , que se urdían en mí, la vergüenza me impide dar más detalles.
Así fue el comienzo de mi mal, al principio los ataques eran esporádicos, luego llegué a contar tres diarios. La gente que me veía decía que me retorcía en el piso como un condenado durante unos cuarenta minutos, mientras babeaba copiosamente y pronunciaba palabras incoherentes. Como consecuencia inmediata mi estado físico empezó a deteriorarse a la par que mi psiquis, la que ya parecía un carnaval de dolores arrastrando su comparsa de bufones en terapia intensiva. En menos de un mes había perdido veinte kilos, lo que en mí, una persona más bien delgada, ya parecía demasiado. Era la errante sobra de la sombra de un ser viviente que aguardaba la pesadilla final.
Con el paso de los días mi escuálida figura fue desfilando ante distintos profesionales del arte de curar: psiquiatras, neurólogos, psicólogos, curanderos, parapsicólogos, manosantas y quién sabe cuántos más...Mi cabeza se llenó de oraciones, plegarias, píldoras, yuyos, agua bendita, cables, botones y jeringas. Mil quinientos estudios y análisis y ninguna solución...Deambulaba todos los días por esta maldita ciudad sin saber qué hacer. Imagínense ustedes a un pobre hombre sin rumbo en un desierto y a merced de sus enemigos.
Lo único que había cambiado era mi estado patrimonial que, a esa altura, merecía el calificativo de ruinoso y desesperante. Todos me habían defraudado La sociedad me había utilizado como conejillo de Indias, habían experimentado con diferentes tipos de tratamientos, habían clavado en mí cientos de agujas, había soportado rigurosísimos regímenes de alimentación. Tendría que mencionar también acerca de mi triste experiencia en una casa pública de salud mental, donde mediante diarios electroshocks intentaban encaminar el rumbo de mi salud, cosa que no sucedía, es más: empeoraba. La frecuencia de los ataques había aumentado considerablemente en menos de una semana y la situación era verdaderamente insostenible. El suicidio rondaba mi cabeza permanentemente, como única salida posible de las tinieblas pero, bueno, creo que ya lo anticipé en las primeras líneas del relato, todo desembocó en un final feliz, un inesperado final feliz. Lo que debe llamarse un “insólito caso de honestidad”. Es una reconciliación con mi tierra y con mi sangre, yo lo siento así... Ah, los héroes anónimos...
El Dr. R.G. me devolvió la confianza en la vida. El brillante profesional desentrañó las causas de mi extraño mal: una especie de hipersensibilidad a ciertos colores que se manifestaba de manera mutante: a veces ante el color rojo, otras ante el verde o el amarillo y se originaba por una anormal secreción de endorfina, sustancia de características similares a la morfina, que se halla nuestro propio organismo. Por desgracia, mi rara enfermedad era de difícil pronóstico.
El Dr. me curó y ahora soy una persona nueva. Ya no tengo visiones infernales ni terribles. Ya no me excitan los colores. Mi cerebro está libre de las penosas pesadillas.
El Dr. R.G. atiende sin cobrar un peso de plus y por obra social. Lo digo yo, que no le aboné un céntimo. Lo dirían los abuelos a los que asiste en las eutanasias. Por mi parte, lo recomiendo con fervor. Ni siquiera quiso cobrarme el frasco de ácido muriático con el que quemó mis ojos. “Si no puedes suprimir las causas, suprime el efecto”, siempre decía.
Entonces, ¿cómo no elogiar y alabar la excepción? ¿Cómo no resaltar una pequeña atmósfera de iluminación entre tanta y concentrada negrura? ¿Cómo no agradecerle, Dr. R.G. (legales razones me impiden mencionar el nombre), su generosidad, su sutil manejo de la verdad?... Ah, amargo remedio la verdad, dorado veneno que pocos nos hacen consumir...
Mi vida, hasta los treinta años, transcurrió dentro de los parámetros que podemos considerar normales. Quizás normalidad y mediocridad se hallen íntimamente asociados -al mencionar el tema reparo en ello- pero ante todo, lo rescatable era que no la pasaba mal, pocos problemas agobiantes y complejos turbaban mi mente. Y ese es el tipo de análisis que se presta más adecuado para entender los tiempos que avanzaron en mí...
Nunca supe bien la génesis del infame caos que desestabilizó mi vida. Un golpe en la infancia, decían unos, el efecto residual de algún psicofármaco, opinaban otros malintencionados; pero muchos más mencionaban el crecimiento de un proceso de degeneración de mis células mentales, lo que me conduciría a un nuevo y hermoso mundo de reposo vegetal.
La triste historia comenzó un fatídico día de verano, una mañana trivial, simple, aburrida y cotidiana, como casi todas. Me había levantado bastante tarde y de buen humor. Me hallaba parado frente a un espejo, observando mis ojeras matinales. Ese día no trabajaba, casi que sentía al tiempo como propio, corriendo en mi sangre, encarnado en glóbulos amigos y afables. En realidad, al mismo tiempo me sentía hecho un tonto, un poco más que de costumbre tal vez; lo cierto es que, frente al espejo de mi cuarto de baño, al encender la luz , comenzaron las alucinaciones. ¿Cómo decirlo? ¿Cómo describir la infernal parafernalia, la angustiosa opresión?...Al principio era una especie de escalofrío que recorría cada milímetro del cuerpo, después venía un mareo intenso y un cosquilleo detrás de la nuca para, por fin, iniciarse un proceso confusional de delirio . Ah, cruel y repulsivo delirio que casi me lleva de este mundo... Me sentía de lo peor, acostado en el piso del baño, veía como miles de cucarachas bajaban por los azulejos y se acercaban a mí, me besaban en la boca. Ah, qué horror, aún siento el cosquilleo de sus antenas en mi nariz, sus patas escarbando en mi lengua... Cuando se iban, venía el castigo auditivo: la atormentadora sirena de una ambulancia. Mis tímpanos se inflaban como un globo de cumpleaños soplado por un desagradable niño travieso. Y luego, el fogonazo postrero y las imágenes más trágicas y desoladoras de mi vida: mi propia muerte, ah, qué forma más horrible de morir..., no podría volver a describir con exactitud las agonías que se tejían en mí , que se urdían en mí, la vergüenza me impide dar más detalles.
Así fue el comienzo de mi mal, al principio los ataques eran esporádicos, luego llegué a contar tres diarios. La gente que me veía decía que me retorcía en el piso como un condenado durante unos cuarenta minutos, mientras babeaba copiosamente y pronunciaba palabras incoherentes. Como consecuencia inmediata mi estado físico empezó a deteriorarse a la par que mi psiquis, la que ya parecía un carnaval de dolores arrastrando su comparsa de bufones en terapia intensiva. En menos de un mes había perdido veinte kilos, lo que en mí, una persona más bien delgada, ya parecía demasiado. Era la errante sobra de la sombra de un ser viviente que aguardaba la pesadilla final.
Con el paso de los días mi escuálida figura fue desfilando ante distintos profesionales del arte de curar: psiquiatras, neurólogos, psicólogos, curanderos, parapsicólogos, manosantas y quién sabe cuántos más...Mi cabeza se llenó de oraciones, plegarias, píldoras, yuyos, agua bendita, cables, botones y jeringas. Mil quinientos estudios y análisis y ninguna solución...Deambulaba todos los días por esta maldita ciudad sin saber qué hacer. Imagínense ustedes a un pobre hombre sin rumbo en un desierto y a merced de sus enemigos.
Lo único que había cambiado era mi estado patrimonial que, a esa altura, merecía el calificativo de ruinoso y desesperante. Todos me habían defraudado La sociedad me había utilizado como conejillo de Indias, habían experimentado con diferentes tipos de tratamientos, habían clavado en mí cientos de agujas, había soportado rigurosísimos regímenes de alimentación. Tendría que mencionar también acerca de mi triste experiencia en una casa pública de salud mental, donde mediante diarios electroshocks intentaban encaminar el rumbo de mi salud, cosa que no sucedía, es más: empeoraba. La frecuencia de los ataques había aumentado considerablemente en menos de una semana y la situación era verdaderamente insostenible. El suicidio rondaba mi cabeza permanentemente, como única salida posible de las tinieblas pero, bueno, creo que ya lo anticipé en las primeras líneas del relato, todo desembocó en un final feliz, un inesperado final feliz. Lo que debe llamarse un “insólito caso de honestidad”. Es una reconciliación con mi tierra y con mi sangre, yo lo siento así... Ah, los héroes anónimos...
El Dr. R.G. me devolvió la confianza en la vida. El brillante profesional desentrañó las causas de mi extraño mal: una especie de hipersensibilidad a ciertos colores que se manifestaba de manera mutante: a veces ante el color rojo, otras ante el verde o el amarillo y se originaba por una anormal secreción de endorfina, sustancia de características similares a la morfina, que se halla nuestro propio organismo. Por desgracia, mi rara enfermedad era de difícil pronóstico.
El Dr. me curó y ahora soy una persona nueva. Ya no tengo visiones infernales ni terribles. Ya no me excitan los colores. Mi cerebro está libre de las penosas pesadillas.
El Dr. R.G. atiende sin cobrar un peso de plus y por obra social. Lo digo yo, que no le aboné un céntimo. Lo dirían los abuelos a los que asiste en las eutanasias. Por mi parte, lo recomiendo con fervor. Ni siquiera quiso cobrarme el frasco de ácido muriático con el que quemó mis ojos. “Si no puedes suprimir las causas, suprime el efecto”, siempre decía.
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viernes, octubre 12, 2007
PRAXIS CARACOL
Los últimos restos emboscados
en la escena post-pluvial,
casas rodantes a tracción de baba
siembran a su paso
cierta comezón de urticaria.

La fase oscura se preña de humedad
en el rodeo escénico salival
donde el primal retoño del despojo
florece a la deriva.

La presión de la praxis
sobre la espina dorsal
amortigua el resbalar gelatinoso
del gastrópodo
para recolectar el rezago.

Mausoleos de angustia viscosa
arrastran laberintos y capas concéntricas,
la tradición adhesiva del epifragma
reluce ante la convergencia aerodinámica
de una cáscara crocante a la vista.

en la escena post-pluvial,
casas rodantes a tracción de baba
siembran a su paso
cierta comezón de urticaria.
La fase oscura se preña de humedad
en el rodeo escénico salival
donde el primal retoño del despojo
florece a la deriva.
La presión de la praxis
sobre la espina dorsal
amortigua el resbalar gelatinoso
del gastrópodo
para recolectar el rezago.
Mausoleos de angustia viscosa
arrastran laberintos y capas concéntricas,
la tradición adhesiva del epifragma
reluce ante la convergencia aerodinámica
de una cáscara crocante a la vista.
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jueves, septiembre 13, 2007
lunes, agosto 20, 2007
Sortijas
Guardó un secreto
entre rejas de alfileres,
saboreó un zigzag de autitos chocadores
arropados con navajas,
masticó todas las cruces,
vomitó los cristos
y no hubo
cura, brujo ni médico de guardia
que pudiera calmar el mareo
y adormecerlo
sobre el vientre de un carrusel
heliocéntrico,
bajar el brazo extendido,
y cerrar los ojos
del caballito de madera.
A medida que pasa el tiempo
van cayendo uno a uno
los barrotes,
el punto de suspensión
se mantiene invariable
en su tertulia de engranajes
sobre el eje rotacional de la tierra
pero aún no se ha revelado
el mejor de los secretos,
ese que todos quieren guardar
para seguir dando vueltas.
FABRICIO SIMEONI - FERNANDO MARQUINEZ
del libro CAVIDADES DEL RECREO (próximo a editarse),
primer premio de poesía FELIPE ALDANA 2007.
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miércoles, julio 18, 2007
UN GIRASOL CUANDO MIRA LA LUNA
UN GIRASOL CUANDO MIRA LA LUNA
Autor: Marquinez
Interpretado por PECIS ALOSTIS.
Voz invitada: Leonardo Luciani (FLUIDO)
Fotos: campos de girasoles en las cercanías de Orense, provincia de Buenos Aires, enero de 2007.
estás en medio de la luz
mirándome, buscando el sur
sin saber de suertes,
sin recordar a quién te hundió
sueño...
la fiebre no desvelará
tal vez te incendie o te moje
caminar sin respirar
el grito urbano se extinguió lento
mil negros pensamientos de repetición
no dicen que he muerto ya
un girasol cuando mira la luna
desordena la ansiedad
y huye...
El girasol es nativo de América, y fue cultivado hacia el 1000 adC. Desde ahí, los españoles lo exportaron a Europa al principio del siglo XVI.
El girasol contiene hasta un 58% de aceite en su fruto o aquenio. El aceite de girasol se utiliza para cocinar, aunque no tiene las características cardiosaludables del aceite de oliva. También sirve para producir biodiésel. Las cáscaras y demás restos que quedan una vez que se han procesadas las semillas para el aceite, se utilizan en algunas ocasiones como alimento para la ganadería.
Las propias semillas se venden normalmente como aperitivo y como alimento para los pájaros.
FUENTE: Wikipedia, La Enciclopedia Libre
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martes, junio 19, 2007
viernes, mayo 25, 2007
EL COTIDIANO BETÚN DE SUS BOTAS
Ella era tan fría, tan impredecible, tan locamente extraña. Apenas si había un delgadísimo trozo de hielo entre sus aspiraciones y lo que realmente conseguía.
Lamentablemente, él, bajo su influjo, estaba destinado a cumplir el rol de oscuro esclavo, de siniestro arlequín hundido en deleznable nada. Todos y cada uno de los caprichos debían ser complacidos pues de lo contrario ella podría enojarse. No, que Dios no permitiese tal infortunio... El era capaz de arrastrarse como una catarata de mermelada y retorcerse como lombriz en un anzuelo con tal de verla a ella feliz y conforme. Como aquel día en que -para comprarle el tapado de visón- tuvo que prostituírse ante cinco marineros filipinos o aquel otro, en el que mató a su perro -un ovejero de pura raza que había criado desde cachorro- sólo porque había ladrado fuerte y a ella le había producido perturbación, en realidad había mostrado cierta inquietud en su mirar pero sin llegar a molestarse. Ella era tan susceptible, tan hiriente. Y él, incondicionalmente seguía a su lado, pavimentado sobre sus pretensiones, crucificándose con tules de novia, arrastrándose ante látigos, cuero y encajes. Ella pedía, ella exigía, ella dominaba y la lengua del tipo solamente era el cotidiano betún de sus botas.
Pero volvamos a él (no por mucho tiempo porque ella es la que importa). Se encontraba pensativo, algo agitado y transpirado. Eran las nueve de la noche y estaba sentado en el sofá del living del departamento que compartían en barrio Martin( uno de los más caros de Rosario), en un octavo piso, vista al río, con todos los detalles de comodidad posibles. Sus gestos reflejaban un penoso abatimiento. Era el día del cumpleaños de ella, que precisamente estaba por llegar a la casa y debía pensar en un regalo conveniente. Justo para ella, que era tan exigente con los obsequios. Y sí…, seguro que su elección cumpleañera no le iba a gustar, qué circunstancia terrible... En el último aniversario le había regalado un cero kilómetro importado y ella se lo había despreciado. Había ahorrado varios meses, había vendido preciosas joyas, que eran un recuerdo de su madre. Ella lo había mirado despreciativamente. “Metételo en el culo, infeliz, no se te ocurre algo más original?” -le había dicho...
Lamentablemente, él, bajo su influjo, estaba destinado a cumplir el rol de oscuro esclavo, de siniestro arlequín hundido en deleznable nada. Todos y cada uno de los caprichos debían ser complacidos pues de lo contrario ella podría enojarse. No, que Dios no permitiese tal infortunio... El era capaz de arrastrarse como una catarata de mermelada y retorcerse como lombriz en un anzuelo con tal de verla a ella feliz y conforme. Como aquel día en que -para comprarle el tapado de visón- tuvo que prostituírse ante cinco marineros filipinos o aquel otro, en el que mató a su perro -un ovejero de pura raza que había criado desde cachorro- sólo porque había ladrado fuerte y a ella le había producido perturbación, en realidad había mostrado cierta inquietud en su mirar pero sin llegar a molestarse. Ella era tan susceptible, tan hiriente. Y él, incondicionalmente seguía a su lado, pavimentado sobre sus pretensiones, crucificándose con tules de novia, arrastrándose ante látigos, cuero y encajes. Ella pedía, ella exigía, ella dominaba y la lengua del tipo solamente era el cotidiano betún de sus botas.
Pero volvamos a él (no por mucho tiempo porque ella es la que importa). Se encontraba pensativo, algo agitado y transpirado. Eran las nueve de la noche y estaba sentado en el sofá del living del departamento que compartían en barrio Martin( uno de los más caros de Rosario), en un octavo piso, vista al río, con todos los detalles de comodidad posibles. Sus gestos reflejaban un penoso abatimiento. Era el día del cumpleaños de ella, que precisamente estaba por llegar a la casa y debía pensar en un regalo conveniente. Justo para ella, que era tan exigente con los obsequios. Y sí…, seguro que su elección cumpleañera no le iba a gustar, qué circunstancia terrible... En el último aniversario le había regalado un cero kilómetro importado y ella se lo había despreciado. Había ahorrado varios meses, había vendido preciosas joyas, que eran un recuerdo de su madre. Ella lo había mirado despreciativamente. “Metételo en el culo, infeliz, no se te ocurre algo más original?” -le había dicho...
Los minutos pasaban para agregarse poco a poco en sus espaldas y lo iban transformando en una especie de liquen compacto color almanaque que lo oprimía cada vez más. Ella en cualquier momento abriría esa puerta y no tenía un regalo. Resignado, casi sin fuerzas para pensar, se levantó, corrió hasta el dormitorio y trajo su revólver 38, el que guardaba en la mesita de luz. Luego escribió en una tarjetita “te amo” y la enganchó con un alfiler en la solapa de su saco. Se apuntó la sien y gatilló pero la bala no salió. En ese momento se dió cuenta de la locura que había estado por cometer. Su cráneo podría haber explotado y entonces la sangre habría manchado la alfombra persa de motivos dorados, la favorita de su esposa. Ni sintiéndose muerto convenía indisponerla a ella de ninguna manera, no, no... Entonces guardó el arma en el cajón, se quitó el saco, lo colgó en el perchero alisándolo suavemente para quitar las dobleces. Luego corrió hasta el balcón, se arrojó al vacío y cayó estrepitosamente sobre la vereda, cerca de unas plantitas de amaranto. Fue un golpe seco, inmenso. Rápidamente se acercaron al lugar varios curiosos y rodearon el cuerpo maltrecho. Cuando ella llegó, los miró fríamente, sonrió y entró con tranquila actitud en el edificio. El espectáculo era bastante desagradable pero al fin y al cabo había tenido su mejor regalo en años.
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viernes, mayo 11, 2007
MORTAL COMBAT
Los rivales se estudian, se huelen, se calculan. Se han cruzado en el camino y ninguno habrá de desviarse. La pelea se vislumbra desigual, por el tamaño y la ventaja química que tiene la araña. Ésta, sin embargo, no deberá descuidarse porque una estocada podría ser fatal.
Ha pasado media hora. El combate se demora, ninguno se ha movido. No es momento de descuidos, un mínimo error podría resultar decisivo. ¿Cuál será el método más eficaz para matar? ¿El veneno o la espada? ¿Se decidirán, alguna vez, los contendientes?
Por fin, la araña se abalanza sobre el escarabajo. La escaramuza dura sólo unos segundos. Las implacables mandíbulas aprietan la oscura carne del coleóptero, que busca un salvador movimiento de esgrima para salir de la incómoda situación.
Todo terminó. La dura coraza del escarabajo resistió el poder de las pinzas. El veneno no pudo penetrar. En cambio, la filosa espada atravesó el abdomen del arácnido, que yace de espaldas en medio de una interminable maraña de movimientos espasmódicos.
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miércoles, mayo 02, 2007
MI TELÉFONO PARECE UN CEMENTERIO
Hace poco más de quince días que me encuentro incomunicado, mi línea telefónica está descompuesta y a pesar de los reiterados reclamos la empresa Telecom no soluciona el inconveniente. Sin internet en casa, me veo obligado a postear en locutorios, pero claro, no es lo mismo. Mientras pierdo la paciencia y espero la normalización del servicio los invito a ver un video que filmé en la Necrópolis de Colón, La Habana, Cuba, hace algunos años.
miércoles, abril 18, 2007
CINCO EXTRAÑOS HÁBITOS
Mi amiga Angeldreams me ha propuesto dar a conocer cinco extraños hábitos, para seguir una especie de juego en cadena, al que pueden unirse todos los bloggers que así lo deseen desde sus comentarios o si prefieren, posteando en sus espacios.
El equilibrio del disparate acepta la invitación, aquí van algunas rarezas:
1) Fotografiarme mientras duermo: algunos dicen que estoy obsesionado con tomar fotos y tienen razón... no hay descanso. Muchas veces mis dedos y manos se independizan de mi mente y continúan disparando el obturador, pese al reposo.
El equilibrio del disparate acepta la invitación, aquí van algunas rarezas:
1) Fotografiarme mientras duermo: algunos dicen que estoy obsesionado con tomar fotos y tienen razón... no hay descanso. Muchas veces mis dedos y manos se independizan de mi mente y continúan disparando el obturador, pese al reposo.
2) Contar las burbujas de las bebidas gasificadas: una opción alternativa ante el insomnio, si se trata de una bebida espirituosa el resultado es altamente efectivo.
3) Alimentar a los mosquitos con mi sangre: respetar el ecosistema siempre estuvo dentro de mis prioridades y un mosquito haciendo libaciones con mi RH negativo siempre configura un espéctaculo sumamente agradable.
4) Jugar a la ruleta rusa: en determinadas ocasiones un click te puede salvar la vida... Ver más sobre "RULETA RUSA" en mi fotolog psicodélico TRAIGAN A LUCY.
5) Ir al parque de diversiones: solamente para ver girar sin interrupciones al "Gusano Loco" y aspirar la bocanada de infancia que propone su vértigo.
domingo, abril 08, 2007
LA ANSIEDAD DEL AGUA OXIGENADA
¿Habrá alguien que calme
la ansiedad del agua oxigenada?
El trópico esquelético
de todo acontecimiento
se impregna de pasos
en la adyacencia del desmayo.
La elongación del olvido
mitiga sensaciones de vacío
en el repelente de insectos.
Una profundidad abismal
apuñala su vector subliminal
sobre la yema supérstite del maquillaje.
Ansioso rodeo
de la crema de enjuague,
lagrimales dominan el vértigo,
un coto de caza
entreteje cabezas,
se aflojan los empíricos dedos
ante la fascinación del fotograma.
¿Habrá confites antes del veneno?
¿Docilidad después del tornado?
La piel se estira en los mapas,
los anaqueles anfibios
de ciertas pesadillas
la vuelven impenetrable.
Una esquirla
sostiene la química
como trofeo
en el cromosoma plástico
de las cabelleras
que ya no esperan
por ninguna oxidación.
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domingo, marzo 25, 2007
viernes, marzo 09, 2007
PUNTO AEROSOL
Viciados fotogramas
absorben
la opacidad invisible del aplauso.
Esporas vitales
sin celuloide:
nada se mueve,
nadie camina
afuera del punto aerosol.
(SIMEONI - MARQUINEZ del libro inédito CAVIDADES DEL RECREO)
PUNTO AEROSOL, clip de Pecis Alostis
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miércoles, febrero 28, 2007
MEAT IS MURDER
Aclaración preliminar: con este post no quiero convencer ni convertir a nadie, tampoco desatar polémicas. Durante muchos años comí carne y me costó bastante adaptarme a mi nuevo régimen alimentario pero el dolor, la toma de conciencia y mi amor por los animales dijeron basta. En un país masivamente cárnico como Argentina fue difícil mantener la decisión pero con el paso del tiempo me acostumbré a contestar las preguntas de la gente (algunos no entienden mis razones) y cuando me invitan a un asado llevo queso provolone y unas cuantas verduras para tirar a la parrilla.

Foto tomada en las cercanías de Guadalajara, España, 2002, dos años después de mi conversión al vegetarianismo.

Foto tomada en las cercanías de Orense, Buenos Aires, Argentina, 2007.
LAS ANSIAS DE LA JAURÍA
Inexploradas visiones antropoides
descorren los telones
de un infame degolladero.
Cierto merodeo escénico supura
en la siniestra deriva del matarife,
mientras chapotea sobre flameantes antorchas
de coágulos sin rumbo.
En escarlatas paños de billar
se inflama un mortecino juego,
germina una monstruosa cepa
entre la rancia lonja carnífera
y el griterío del mercado
apolillado en gutural angurria
de perpetua agitación.
No importa el bramido
ni el sórdido karma
porque la saliva responde
a las ansias de la jauría
y reluce en maquinales ojos
la brizna fiambraria,
una avezada sed
que otorga automática avidez a la toxina.
FERNANDO MARQUINEZ (del libro "Herética Desmesura", año 2004)

Foto tomada en un campo cercano a Funes, Santa Fe, Argentina, diciembre de 2006.
"Meat Is Murder" (carne es asesinato), editado en febrero de 1985, fue el segundo LP de la banda "The Smiths". En el tema que da nombre al disco, Morrissey nos habla de la brutalidad y violencia ejercida sobre los animales criados para comida. El video de la canción causó una ardua polémica por la crudeza de sus imágenes.
MEAT IS MURDER (The Smiths)
ADVERTENCIA: algunas imágenes pueden afectar la sensibilidad de las personas.
Foto tomada en las cercanías de Guadalajara, España, 2002, dos años después de mi conversión al vegetarianismo.
Foto tomada en las cercanías de Orense, Buenos Aires, Argentina, 2007.
LAS ANSIAS DE LA JAURÍA
Inexploradas visiones antropoides
descorren los telones
de un infame degolladero.
Cierto merodeo escénico supura
en la siniestra deriva del matarife,
mientras chapotea sobre flameantes antorchas
de coágulos sin rumbo.
En escarlatas paños de billar
se inflama un mortecino juego,
germina una monstruosa cepa
entre la rancia lonja carnífera
y el griterío del mercado
apolillado en gutural angurria
de perpetua agitación.
No importa el bramido
ni el sórdido karma
porque la saliva responde
a las ansias de la jauría
y reluce en maquinales ojos
la brizna fiambraria,
una avezada sed
que otorga automática avidez a la toxina.
FERNANDO MARQUINEZ (del libro "Herética Desmesura", año 2004)
Foto tomada en un campo cercano a Funes, Santa Fe, Argentina, diciembre de 2006.
"Meat Is Murder" (carne es asesinato), editado en febrero de 1985, fue el segundo LP de la banda "The Smiths". En el tema que da nombre al disco, Morrissey nos habla de la brutalidad y violencia ejercida sobre los animales criados para comida. El video de la canción causó una ardua polémica por la crudeza de sus imágenes.
MEAT IS MURDER (The Smiths)
ADVERTENCIA: algunas imágenes pueden afectar la sensibilidad de las personas.
martes, febrero 13, 2007
EL OCASO DE LOS GIGANTES

gigantes envueltos en la piel
de un atardecer
maceran la ojiva de un precicipio
enredan la afiebrada anestesia del acero
ciegos ogros de la desmesura
centinelas en la penumbra del trueno
y su espontánea vacilación
rechazan toda libación
desde sus carcasas de colosos
amordazados esqueletos
prefiguran un suicidio de contorsionista
mustios embriones de altivez en zozobra
¿será que el hierro también es frágil y se marchita?
¿será que el impacto causal de las coordenadas
doblega los constelados ensambles del titán?
nada es impermeable a la conjura de los ciclos
y su hambre de plural devastación
la fractura se convierte en pura y ostensible
un implacable doblez derrite sonámbulos ríos anfibios
los devaneos del metal pulverizan encordados y corazas
todo futuro es hojaldre quebradizo
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sábado, enero 27, 2007
EL SUEÑO DE VÍCTOR

Mary Shelley, Boris Karloff (la criatura) y Peter Cushing (Victor Frankenstein)
Durante estas pequeñas vacaciones volví a leer FRANKENSTEIN o el Moderno Prometeo, la genial obra de Mary Shelley (1797 -1851) y uno de mis libros favoritos. El mito de la vida y su creación, la resucitación de cuerpos, la ética y los experimentos científicos, el monstruo y el horror gótico, la necrofilia y la sexualidad arremeten contra toda especulación posible y crean un ambiente de sala de autopsias. Entonces tomo los algodones con cuidado, manejo el éter impregnado en la hoja de un cuchillo. Habría que saber de la chispa y sus fronteras. Del amor que busca las tumbas, impermeable e impreciso. Una lluvia de formol flota sobre el suelo, huelo su vuelo. Solamente me demoro. Solamente me demoro, por ahora.
Hoy les ofrezco un poema titulado"El sueño de Víctor", que forma parte del por ahora inédito "EL RESTO NO PRESENTA ALTERACIONES". Recuerdo que cuando lo escribí recordé viejas películas de terror y también vinieron a mi mente imágenes del vídeo de Tom Petty, "Mary Jane's Last Dance".
EL SUEÑO DE VÍCTOR
Una autopsia fucsia
delata la asepsia de los guantes descartables.
El doctor, en la húmeda morgue,
piensa en el sueño de Víctor Frankenstein
mientras una bella mujer
muerta sobre la camilla
luce taciturna y melancólica,
lista para la disección.
Los ojos posesos
invitan a cierta forma del amor,
conmueven y estremecen al médico
que ya no prueba el café.
El pocillo adquiere rigor mortis
sobre la pequeña mesa
y se enfría sin remedio
ante el tenebrismo sereno
de dedos plastificados y patéticos
que rasgan las vestiduras
lenta,
sensualmente.
NOTA de Fabricio Simeoni: “El cumplimiento de mi diabólico proyecto se convirtió en una pasión dominante”, confiesa Walton tras la muerte de Víctor. En el final de Frankenstein, toma la decisión de no continuar haciendo el mal. Las víctimas de sus crímenes estaban contadas y para él no tenía sentido continuar. Sólo pretendía realizar la justicia, haciendo a su creador el mal que éste le había infligido. Como le había prometido a Víctor, si este le creaba una compañera, tomó la decisión final de huir del mundo humano y esperar la liberación final de la muerte.
Más sobre Frankenstein en Wikipedia
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delata la asepsia de los guantes descartables.
El doctor, en la húmeda morgue,
piensa en el sueño de Víctor Frankenstein
mientras una bella mujer
muerta sobre la camilla
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lista para la disección.
Los ojos posesos
invitan a cierta forma del amor,
conmueven y estremecen al médico
que ya no prueba el café.
El pocillo adquiere rigor mortis
sobre la pequeña mesa
y se enfría sin remedio
ante el tenebrismo sereno
de dedos plastificados y patéticos
que rasgan las vestiduras
lenta,
sensualmente.
NOTA de Fabricio Simeoni: “El cumplimiento de mi diabólico proyecto se convirtió en una pasión dominante”, confiesa Walton tras la muerte de Víctor. En el final de Frankenstein, toma la decisión de no continuar haciendo el mal. Las víctimas de sus crímenes estaban contadas y para él no tenía sentido continuar. Sólo pretendía realizar la justicia, haciendo a su creador el mal que éste le había infligido. Como le había prometido a Víctor, si este le creaba una compañera, tomó la decisión final de huir del mundo humano y esperar la liberación final de la muerte.
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viernes, enero 19, 2007
EL RELAX DEL DISPARATE
Estaré una semanita de vacaciones para recargar las energías. Un gran abrazo para mis amigos de la blogosfera, especialmente: Angeldreams, Artemis Sublime, Persio, Eggy, LPQNTP, Adal, Ary, Fabricio, Charro y a todos los que visitan este espacio. Nos estamos contactando pronto...
A este lugar se traslada el búnker surrealista: un pequeño paraíso perdido sobre el mar, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.
ORENSE, THE GOLDEN AGE (filmado en las vacaciones 2006)
A este lugar se traslada el búnker surrealista: un pequeño paraíso perdido sobre el mar, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.
ORENSE, THE GOLDEN AGE (filmado en las vacaciones 2006)
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viernes, enero 12, 2007
MAGIA HUECA

el fuego ocular
redime el dolor de las entrañas
la sudestada hace magia
sobre el tendedero de ropa
pero sólo se filtra el silencio
como un agujero
de filosos vacíos
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viernes, enero 05, 2007
VINCENT (Triple cóctel: Burton-Poe-Price)

Para inaugurar el 2007 he elegido un triple cóctel: TIM BURTON - EDGAR ALLAN POE - VINCENT PRICE.
"VINCENT"(1982) es un corto de animación dirigido por Tim Burton, en el que rinde homenaje a su admirado Vincent Price, quien participa como narrador de la película. Recordemos que Price, fallecido en 1993, hizo su último papel en el cine de la mano de Burton, en "El Joven Manos de Tijera" y que protagonizó diversos filmes basados en los cuentos de Edgar Allan Poe, en su mayoría dirigidos por el director Roger Corman. Espero que disfruten de esta breve pero imperdible joyita.
VINCENT
MÁS SOBRE VINCENT, de Tim Burton
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