
El jueves 28 de setiembre pasado diez poetas rosarinos presentamos en el CAFÉ DE LA FLOR (Rosario) una antología poética-gastronómica. Aquí les dejo la tapa del libro (espectacular diseño de Fernando Bottazzini) y uno de los poemas de mi sección. En este caso, toda la impiedad de un domingo de ñoquis se apresura a devorar nuestras entrañas para someternos a ese reverbero de la desesperación que conduce a una insensata cotidianeidad. Nick Cave terminó por regalarme el título y mi depresión dominical pudo transitar un camino mucho más decoroso.
Bah, eso es lo que yo me creo...
SUNDAY'S SLAVESunday's got a slave / Monday's got one tooEn “Sunday’s Slave” de Nick Cave & The Bad Seeds
El reloj inyecta sus agujas en las sienes,
una promesa de fugaces ravioles domina
el bestial instinto de mediodía
anestesiado por medialunas resecas,
una radio oxidada y futbolera
fermenta la espera de la única neurona
mientras desde el living
el televisor dispara la misma imagen en desuso:
un pollo que no tiene bronceador ni amigos en la rotisería
pero si un primer plano en el comercial
de las góndolas del shopping.
La paciencia se adormece en su vértigo cotidiano,
el café se suicida con azúcares y cremas,
un sachet inflamado de sequía
se retuerce en la heladera
como un contorsionista fuera de órbita.
El gato come restos de manteca
antes de volcar el vino destinado al almuerzo.
Miramos de reojo al diario que fue meado por el perro,
la promesa de una tarde soleada
insiste con su irrisión de espantapájaros.
Mates costumbristas
otorgan obviedad a lo autóctono telúrico.
Salimos a la calle y todo parece ser lo mismo.
En el bar de esquina los naipes se mojan,
la saliva de viejos tramposos
carcome sus perímetros.
Los primeros vahos de vermouth
se expanden en el susurro del pantagruélico feriado.
Seguimos de pie,
aunque casi desde el principio
nos reconocemos
irreversiblemente perdidos en cierta esclavitud
y silenciamos nuestra miserias
como una olla a presión que cede
a la morosidad de algunas calorías;
nos sometemos al ardor del agua fría,
al paseo del perro,
a la lectura del diario,
a la esquirla de la náusea
devenida en número rojo de almanaque.
Leer comentario de PULPA en Rosario/12 Web, por Sonia ScarabelliSi quieren leer el libro entero, este es el link:
PULPALes recomiendo, además de los poemas, que lean el prólogo de Beatriz Vignoli ("En la cuna del hambre, comiendo del árbol de la poesía: Diez poetas de Rosario cantan a los alimentos"), que me pareció excelente.