
Quedarse colgado
de un espiral
mientras los Anopheles
hacen diques en la piel,
la sangre
late a propósito
pero está a la deriva
de su propia irrigación
y seguimos siendo
un banquete apetecible
a pesar de la sobredosis de Raid,
a pesar de los resortes de humo
que nos envuelven para regalo
cuando se apaga la luz.
NOTA: este poemita surgió a partir de un comentario que le hice a Fabricio Simeoni en su blog POSTALES INTERSTICIALES